miércoles, 17 de abril de 2013

CERRO DE LA BUFA - ZACATECAS


Podría decirse que el Cerro de la Bufa originó el nacimiento de Zacatecas: al pie del mismo se encontraron importantes yacimientos de plata, razón por la cual un 8 de septiembre de 1546 es fundada aquella ciudad por Juan de Tolosa, Diego de Ibarra, Cristóbal Oñate y Baltazar Temiño de Bañuelos.

Para 1585 el rey Felipe II le concedería el título de "Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas" y, tres años después, la ennobleció concediéndole su Escudo de Armas. Así entonces, la que antes fuera tierra de grupos indígenas entre zacatecos, caxcanes, huachichiles, tecuexes, irritilas y tepehuanes, habría de convertirse en una de las más brillantes urbanizaciones de la Nueva España; tan brillante como su misma plata. Dicho codiciado recurso, a la vez de desarrollar una industria notable a su alrededor, trajo consigo varias órdenes religiosas como franciscanos, agustinos, dominicos, jesuitas, juaninos o mercedarios, quienes al encontrar en Zacatecas una prominente comunidad dispuesta a recibir la fe cristiana, levantaron soberbios templos y monasterios cuya suntuosidad y riqueza se equiparaba con las fastuosas mansiones de los llamados "aristócratas de la plata".

El nombre Zacatecas deriva de los vocablos náhuatl "zacatl", que significa zacate, y "co", locativo. Es el "lugar donde abunda el zacate", enclavada al fondo de una barranca formada por los cerros de la Virgen, del Grillo, del Padre y de la Bufa, conocida también como la ciudad de cantera rosa y corazón de plata, que desde aquella época se distinguó como una de las urbanizaciones más importantes de la Nueva España. Sin embargo su valor histórico no se limita a aquellos años de esplendor colonial, jugando también un papel heróico pues en ella se gestó el triunfo de la División del Norte sobre el ejército huertista en la llamada "Toma de Zacatecas", batalla que definió la consumación de la Revolución Mexicana bajo el mando del legendario Pancho Villa y los generales Felipe Angeles y Pánfilo Natera.

El trazo de la ciudad se pliega a la tierra, siguiendo las sinuosidades de la montaña anteponiéndose a lo agreste del entorno con brillante ingenio constructor. Es así como las calles a desnivel toman curso en la ciudad ondulando con gran estética, abriéndose a su paso plazas y rincones sin duda encantadores. Muchas calles zacatecanas conservan hasta nuestros días nombres por demás peculiares, mismos que, si bien han perdido su razón de ser o la fecha de origen, describen un pasado en donde convergen leyendas, tradiciones y la cultura misma que nutrió a los habitantes de la época: Calle de la Mantequilla, Los Gallos, Las Merceditas, Calle del Santero, el Indio Triste, del Mono Prieto, del Tenorio o del Resbalón, son algunos de sus singulares nombres. Y la belleza de la ciudad destaca a tal punto que para el año de 1993 recibió la distinción de "Patrimonio Cultural de la Humanidad" por la UNESCO, reconocimiento que hace honor al valor de su majestuosa arquitectura.



Fuente visitada. travelbymexico.com

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