miércoles, 14 de agosto de 2013

ORIGENES DEL EL SARAPE

El sarape es considerado uno de los elementos más representativos del México independiente. Su historia es la de una prenda de uso masculino que, de sus orígenes inciertos, pasó a convertirse en un verdadero emblema nacional, similar al rebozo femenino. Sin embargo, el surgimiento, entre 1750-1860 de los llamados “sarapes de Saltillo clásicos”, cuya finura en el hilado y el tejido rivaliza con los textiles más refinados del mundo, constituye hasta nuestros días una gran incógnita, pues se desconocen los lugares, fechas y circunstancias precisos en los cuales fueron por primera vez tejidos. Su huella fue tan amplia, que encontramos sarapes y tejidos que reflejan la influencia de los “saltillo” desde Totonicapán, Guatemala, hasta la región Río Grande de los hispanoamericanos de Nuevo México y los indios navajo de la misma región.

 ¿Qué es un sarape de Saltillo clásico?
 Se trata de un textil de forma rectangular tejido generalmente en dos lienzos unidos por el centro y que comparte varias características: sus medidas son de aproximadamente 1.20 m de ancho por 2.40 m de largo; puede tener o no una bocamanga o apertura, para ser usado como poncho o colocado sobre los hombros, con el diseño central a la espalda. Tiene un patrón de diseño tripartita que consta de un elemento central dominante -un diamante o un medallón- que abarca el área entre la espalda y el pecho, un marco de 5 a 10 cm alrededor del tejido en colores y diseños afines al motivo central y un fondo contrastante con pequeños diseños repetidos.

 Existe un gran enigma en torno al origen geográfico del sarape, no es seguro que haya sido propiamente en Saltillo, hoy capital del estado norteño de Coahuila, donde se hayan tejido los primeros. Los censos económicos de los siglos XVII y XVIII mencionan sólo unos cuantos telares y tejedores de Saltillo. Lo que sí se sabe es que cada mes de septiembre a partir del siglo XVII, se realizaba una gran feria anual para honrar a San Mateo, y que mucha gente acudía a Saltillo a comprar sarapes finos. Así creció su fama y le quedó el nombre de “saltillo” al sarape. Durante el período colonial los más importantes centros productores de textiles de lana y de lana con algodón fueron Puebla, Texcoco, Querétaro, San Miguel de Allende y Tlaxcala.

 La huella. Orgullo y trofeo
Nuestro rastreo histórico nos lleva al siglo XIX, cuando en los albores de la lucha por la independencia de México, algunos hacendados se unen al movimiento financiando parte de la campaña militar, a la vez que muchos vaqueros y pequeños propietarios hacen lo propio pero como combatientes; son los llamados “chinacos”, famosospor su indumentaria de chaqueta corta y sarape y por su valentía en el campo de batalla. Luego, durante las invasiones americana (1847-1848) y francesa (1863-1867) a México, se habrían de borrar las diferencias de clase entre hacendado y vaquero, y fue precisamente el sarape el símbolo que unificó su orgullo e identidad en la lucha por la soberanía mexicana. Y si de trofeos hablamos, se dice que Antonio López de Santa Anna, presidente de México, regaló un sarape a Sam Houston, comandante del ejército texano y primer presidente de la República de Texas, cuando firmaron el Tratado de Guadalupe Hidalgo; que los emperadores Maximiliano y Carlota enviaron un sarape como obsequio a Napoleón III, que el mismo Maximiliano utilizaba sarapes con frecuencia y que fue fusilado vestido con traje charro de gran gala.

Al consumarse la Independencia en 1821 y abrirse la nación al mundo (los españoles habían mantenido un férreo control sobre la presencia extranjera), un numeroso y sucesivo grupo de litógrafos extranjeros viajaron por diversas regiones de nuestro territorio, registrando el uso de los bellos sarapes multicolores que hoy conocemos como “sarapes de Saltillo”. El italiano Claudio Linati, quién en 1826 introdujo la litografía a México, publicó en Bruselas, dos años después, la obra Trajes civiles, militares y religiosos de México. A su vez el alemán Carlos Nebel publicó en 1836, Viaje pintoresco y arqueológico sobre la parte más interesante de la República mexicana, entre los años de 1829 a 1836, reflejando con gran belleza el colorido y sentido social del sarape. En la década siguiente Julio Michaud, en su exitoso Álbum pintoresco de la República mexicana, se dedicó a copiar paisajes y personajes de Nebel y fusionarlos con paisajes de Pedro Gualdi, en los cuales también retrata el uso del sarape. Por sus páginas desfilan tanto caballerangos y caporales a caballo como apuestos jóvenes del pueblo cortejando o acompañando a mujeres, ataviados con el sarape, una prenda de sorprendente versatilidad pues servía de impermeable, cobija y lujo.

Óleos y acuarelas fueron también legados por Juan Mauricio Rugendas, Thomas Egerton y Edouard Pingret. Hacia las últimas décadas del siglo XIX, si bien existían diferencias notables entre hacendados y vaqueros, los primeros, ya sin sus latifundios pero conservando sus títulos nobiliarios, habrían de crear la figura del charro y el deporte de la charrería, una forma elegante para rememorar los viejos tiempos de las épocas del marcaje del ganado, las artes del jaripeo y el “paseo” con el traje de gala. Para entonces el sarape había también recibido influencia francesa, evidente en la utilización de hilos metálicos y de hilos de colorombré, es decir matizados. El sarape, ahora más pequeño, se colocaba doblado sobre el hombro. Surgieron entonces los sarapes con rayas multicolores matizados y también aquellos con figuras y retratos nacionalistas.

En su larga historia el sarape llamó poderosamente la atención de propios y extraños y se convirtió en un objeto codiciado por los visitantes y en excelso obsequio de los gobernantes mexicanos. La armonía de los “sarapes de Saltillo”, la sensibilidad y la maestría en el hilado, tejido, diseño y color que les dieron vida, se convirtieron en legado y testimonio duradero de los tejedores anónimos de nuestro país, cuyo secreto esperamos algún día poder descubrir.

 Fuente visitada. mexicodesconocido.com

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