domingo, 26 de diciembre de 2010

MINAS DE ORO Y PLATA AÑO 1.800


Mucho tiempo antes de la llegada de los españoles, conocían los indígenas de México, así como los del Perú, el uso de varios metales; y no se contentaban con los que en su estado natural se encuentran en la superficie de la tierra, en los lechos de los ríos y en las barrancas formadas por los torrentes, sino que emprendían obras subterráneas para beneficiar las vetas. Estos pueblos pagaban sus tributos de dos maneras: ya reuniendo, en sacos de cuero o en canastillas de junco, las pepitas de oro nativo, ya fundiendo el metal en barras. En todas las grandes ciudades de Anáhuac se fabricaban vasos de oro y de plata, aunque este último metal fuese mucho menos estimado por los americanos que por los pueblos del antiguo continente. Antes de la conquista, los pueblos aztecas extraían el plomo y el estaño de las vetas de Tasco, al N. de Chilpancingo, y de Ixmiquilpan; y el cinabrio, que servía de colorante a los pintores, de las minas de Chilapan. El cobre era el metal más comúnmente usado en las artes mecánicas y reemplazaba hasta cierto punto al hierro y al acero: las armas, las hachas, los cuchillos y todos los utensilios se hacían con el cobre de las montañas de Zacatollan y de Cohuixco.
Además de los sacos de cacao, cada uno de los cuales contenía tres xiquipilli o 24,000 granos; además de los patolquachtli o farditos de tela de algodón, los mexicanos empleaban también algunos metales como moneda. En el gran mercado de Tenochtitlán se compraban géneros de toda especie cambiándolos por oro en polvo contenido en cañones de plumas de aves. En muchas provincias se servían como moneda corriente de piezas de cobre a que daban la forma de una T.

Faltan materiales exactos para la historia de la explotación de las minas de Nueva España. Parece cierto que las primeras vetas beneficiadas por los españoles fueron las de Tasco, Sultepec, Tlalpujahua y Pachuca. El laborío de las minas de Zacatecas siguió inmediatamente al de los criaderos de Tasco y de Pachuca. La veta de San Bernabé fue atacada desde el año 1548. Se dice que unos arrieros que viajaban de México a Zacatecas descubrieron los minerales de plata del distrito de Guanajuato, en el cual está la mina de San Bernabé. Le veta madre de Guanajuato se descubrió más tarde, al abrir los tiros de Mellado y de Rayas en 1558. Las minas de Comanjas son indudablemente más antiguas que las de Guanajuato.

Si la cantidad de plata que se extrae anualmente de las minas de México es diez veces mayor que la de todas las minas de Europa, por el contrario, el oro no es con mucho tan abundante allí como en Hungría y Transilvania. La mayor parte del oro mexicano proviene de terrenos de aluvión, de los cuales se saca por medio de lavaduras. Son frecuentes estos terrenos en la provincia de Sonora. Se ha recogido mucho oro diseminado en las arenas que llenan el fondo del valle del río Yaqui. Más al N., en la Pimería Alta, se han encontrado pepitas de oro nativo de cinco a seis libras de peso. Otra porción del oro mexicano se saca de las vetas que atraviesan las montañas de rocas primitivas.

En la provincia de Oaxaca es en donde son más frecuentes las vetas de oro nativo, ya en los gneiss, ya en la mica pizarra.
Esta última roca es muy rica en oro en las célebres minas del Río San Antonio. El oro se presenta ya puro, ya mezclado con los minerales de plata, en la mayor parte de las vetas que se benefician en México, y apenas hay mina de plata que no sea también aurífera.
La plata sulfúrea y la plata negra prismática son muy comunes en las vetas de Guanajuato y de Zacatecas, y en la veta Vizcaína de Real del Monte. La plata de Zacatecas presenta la singularidad notable de no contener oro. La plata roja o rosicler forma parte de las riquezas de Sombrerete, de Cosalá y de Zolaga, cerca de Villalta, en la provincia de Oaxaca. La verdadera mina de plata blanca es muy rara en México. No obstante, su variedad blanca pardusca, que es muy abundante en plomo, se encuentra en la intendencia de Sonora, en las vetas de Cosalá, donde está acompañada de galena argentífera, de plata roja, de blenda parda, de cuarzo y de sulfato de barita o espato pesado.

En 1803 se contaban en todo el distrito minero de Guanajuato 5,000 personas entre mineros y operarios destinados al apartado, la fundición y la amalgamación; 1,896 arrastres o máquinas para triturar los minerales, y 14,618 mulas destinadas a mover los malacates y a triturar en los sitios de amalgamación la harina de los minerales mezclada con mercurio.
Las minas de Zacatecas son más antiguas que las de Guanajuato; su explotación comenzó en 1548, inmediatamente después de las vetas de Tasco, Sultepec, Tlalpujahua y Pachuca, tres años después del descubrimiento de las riquezas de Potosí. De las observaciones de los mineralogistas Federico Sonneschmidt, alemán, y Vicente Valencia, mexicano, resulta que el distrito minero de Zacatecas se asemeja mucho, en cuanto a su constitución geológica, al de Guanajuato. Las rocas más antiguas que se dejan ver en la superficie son de sienita; sobre ellas posa una pizarra que por los mantos de piedra de toque, de traumata y de roca verde que encierra, se aproxima a la arcilla apizarrada de transición; y en esta pizarra se hallan la mayor parte de las vetas de Zacatecas, que producen un año con otro de 335,000 a 402,000 marcos de plata.

En 1778, un minero de Ojo de Agua de Matehuala, don Bernabé Antonio de Zepeda, descubrió la veta grande y perforó el tiro de Guadalupe. El producto anual de este grupo de minas es de cerca de 400,000 marcos de plata.
Las minas de Pachuca, Real del Monte y Morán son muy famosas por su antigüedad, su riqueza y su proximidad a la capital. Desde principios del siglo XVIII sólo se ha beneficiado con actividad la veta de la Vizcaína o Real del Monte; el laborío de las minas de Morán sólo se ha vuelto a emprender pocos años ha; y el yacimiento mineral de Pachuca, uno de los más ricos de toda América, está abandonado enteramente desde el horrible incendio que ocurrió en la mina del Encino, que producía por sí sola más de 30,000 marcos de plata por año. El fuego consumió toda la cimbra que sostenía la bóveda de los cañones, y numerosos mineros perecieron asfixiados antes de poder llegar a los tiros.
La veta de la Vizcaína, menos potente pero quizá más rica que la de Guanajuato, hubo de ser abandonada a causa de la mucha agua que se filtraba por las abras de la roca porfídica. Un particular muy emprendedor, don José Alejandro Bustamante, comenzó una galería de desagüe cerca de Morán, pero murió antes de acabar esta obra considerable, que fue terminada en 1762 por su compañero don Pedro Romero de Terreros.
Las minas de Morán fueron abandonadas hace cuarenta años a causa de la abundancia de aguas, que no podían agotarse. En este distrito se colocó en 1801 una máquina con columna de agua, cuyo cilindro medía 2.60 metros de altura y 1.60 de diámetro. Esta máquina, que es la primera de este género que se haya construido en América, es muy superior a las que existen en las minas de Hungría; fue construí da según cálculos y planos del señor don Andrés Manuel del Río, profesor de mineralogía en México, que ha visitado las más célebres minas de Europa y que reúne los conocimientos más sólidos y variados.
Las minas del distrito de Tasco han perdido su antiguo esplendor desde fines del siglo XVIII; porque en su estado actual, las vetas de Tehuilotepec, Sochipala, el cerro de Limón, San Esteban y Huautla no producen entre todas, anualmente, sino unos 60,000 marcos de plata.

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