lunes, 5 de julio de 2010

EL CHARRO

Dentro del variado mosaíco de indumentarias no faltaba el hombre que montaba a caballo, ya fuera el vaquero o el arriero. Estos vestían camisa y calzón blanco, a veces con chaleco de gamuza o pana, otros con una "cotona" - chaqueta cerrada - que con el tiempo llego a ser mada más que una tira angosta; los pantolones eran anchos, con vistosa botonadura en los costados; añadían la faja, el sombrero y las botas, y sobre un hombro llevaban un magnífico sarape. Los ricos hacendados, dueños de amplias extenciones de tierra, usaban además, una especie de polainas abiertas, llamadas "mitazas", con bordados de hilos de seda, amarradas debajo de las rodillas, y sustituían el sarape con la manga, que era una prenda de pana de bordes redondeados, adornada con bordados y galones de hilos de seda o de oro.
El caballo impresiono profundamente a los indígenas en el siglo XVI cuando contemplaron el espectáculo, inusitado para ellos, de los españoles que cabalgaban sobre sus lomos. Desde entonces el caballo siempre a tenido un papel importante en la vida del mexicano, tanto para las faenas del campo, como para el manejo del ganado y arriería, así como también en todas las guerras que ha librado el país. De estos antecedentes surgió a fines del siglo pasado, la charrería profesional, en forma de asociaciones de deportistas que organizan espectáculos y competencias, en las que se lucen suertes muy peculiares, únicas en el mundo. La charrería es un deporte elegante, costoso por los lujosos atavíos del charro y los caballos finos.
La indumentaria usada por los charros se deriva, por una parte, de las prendas de los aldeanos españoles de varias provincias, las cuales evolucionaron a través de los siglos, y por otra de las necesidades peculiares del vestir del campesino mexicano, por lo cual constituye un estilo muy particular, en el que dificilmente se reconocen sus orígenes. Ya en el siglo pasado la indumentaria del charro era muy singular y actualmente hay no uno sino varios estilos, cullas diferencias se constituyen estilos regionales. Cada modalidad local posee, a su vez, el traje de faena, de media gala y de gala. El uso de estos trajes se encuentra reglamentado, según el tipo de trabajo que va a desempeñar el charro en cada ocasión. Además existe el traje de etiqueta, o ceremonia, que no se usa para montar a caballo, es muy sobrio, de color negro y tiene botonadura de plata. Se dice que fue introducido por el archiduque Maximiliano, quien fue un gran admirador de la charrería.
La indumentaria del charro profesional de nuestros días consta, en términos generales, de una camisa blanca y una corbata de mariposa, hecha de seda; chaqueta de cuero o pana; la de la faena se usa lisa; las de otras categorías van adornadas con bordados de hilos metálicos, hilos de seda o aplicaciones de gamuza. En ocasiones, además de la chaqueta, se usa un chaleco que hace juego. Los pantalones son ajustados, hechos de gamuza, jerga o paño; para el traje de gala se adornan profusamente con botonaduras de plata o bordados. Encima de los pantalones se emplean chaparreras de cuero, las cuales se abrochan con botones de variados materiales. Las chaparreras se llaman "chivarras" cuando son de piel que conserva el pelo del animal. El charro lleva un sombrero especial de copa alta y ala ancha, echo de fieltro, paja o palma y profusamente adornado para el traje de gala. El traje se acompleta con botas o zapatos, espuelas de hierro pavonado y plata, y un sarape de Saltillo o, más frecuentemente, de Santa Ana Chiautempan. El equipo del charro está formado por una silla de montar, los herrajes y otros accesorios, y cuesta una verdadera fortuna por la profusión de piezas de plata martilada, el cuero piteado - bordado con fibra de pita - chimitiado - adornado con cordones de lana y cerda - o, adornado en otras forma. En cada presentación que hace el charro, los adornos del traje deben hacer juego con los de la silla, y, además, deben de estar de acuerdo con la ocasión y el tipo de suerte que vaya a ejercitar.
La Federación Nacional de Charros vigila por la autenticidad de la indumentaria y los accesorios. A eso se debe que la generación del traje de los charros cantores y los sombreros que se hacen para los turistas no afecten al charro aristocrático.

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