viernes, 8 de octubre de 2010

PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE MÉXICO





El Distrito Federal cuenta con un patrimonio arquitectónico cuya antigüedad se remonta a la época prehispánica. Existen en la entidad numerosos testimonios de la ocupación milenaria del Valle de México, como la pirámide de Cuicuilco al sur de la ciudad; la pirámide del Fuego Nuevo y los recientes descubrimientos arqueológicos en el Cerro de la Estrella; los restos del Templo Mayor de Tenochtitlan a un costado de la Catedral; y la emblemática Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.
Durante la época colonial, en la Ciudad de México y varios pueblos localizados en las inmediaciones de los lagos del Anáhuac fueron construidas numerosas construcciones que hoy forman parte del patrimonio material de la nación mexicana, y son protegidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Sólo en el Centro Histórico existen 1.436 edificios históricos repartidos en 9 km² de superficie. La gran cantidad de suntuosas construcciones que poseyó la capital durante la época virreinal valieron que Alejandro de Humboldt le llamara Ciudad de los Palacios. En 1987, la Unesco inscribió el Centro Histórico y Xochimilco en la lista del Patrimonio de la Humanidad. Entre los edificios más notables de la época colonial hay que señalar a la Catedral, el Palacio Nacional y la Casa de los Azulejos en el primer cuadro de la ciudad; en Chapultepec, el Castillo que actualmente aloja al Museo Nacional de Historia; en Xochimilco destaca su Catedral, y en Coyoacán, el edificio del Ayuntamiento.
Hasta antes del Porfiriato, fueron muy pocas las construcciones públicas que se agregaron al patrimonio capitalino. Algunas de ellas, como el mercado de El Parián —localizado en el mismísimo Zócalo— fueron derribadas por ser consideradas obsoletas. Durante el gobierno de Porfirio Díaz, el Distrito Federal fue dotado de nuevos edificios que enriquecen el paisaje urbano de la ciudad, como el caso del Palacio Postal o el Palacio de Bellas Artes —aunque éste no fue concluido sino hasta después del triunfo de la Revolución—. En las orillas de la capital, la clase media construyó las afrancesadas colonias Roma y Santa María la Ribera, consideradas joyas de la arquitectura del Distrito Federal que conservan y rescatan sus habitantes. No corrió con la misma suerte el Manicomio de La Castañeda (Mixcoac), que fue derruido en 1968 para ser olvidado casi por completo.

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