sábado, 26 de febrero de 2011

LA CASA DE LOS AZULEJOS- MÉXICO


La Casa de los Azulejos es un palacio ubicado en el centro histórico de la Ciudad de México, construido durante la época colonial. Es conocido por éste nombre debido a su cubierta de azulejos de talavera poblana que recubren completamente la fachada exterior del edificio, haciendo de esta obra una de las más bellas joyas del arte barroco novohispano.
El edificio se encuentra ubicado entre las Calle Francisco I. Madero y la Calle Cinco de Mayo en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Historia del edificio

Se sabe que el edificio original ya existía desde el siglo XVI, y que en realidad se encuentra conformado por la unión de dos casonas de las cuales, la que se ubicaba hacia el Sur, en un principio pertenecía junto a la llamada Plazuela de Guardiola a un señor de nombre Damián Martínez. Dichas propiedades se ubicaban, la ya mencionada en la transitada Calle de Plateros, exactamente frente al Convento de San Francisco el Grande de la Ciudad de México,1 y la otra, del lado Norte, daba hacia el angosto Callejón de la Condesa. De la historia de la primera casa como ya se mencionó, siendo dueño Don Damián y viéndose en apuros económicos, se ven en la necesidad de vender ésta y plazuela anexa a otro señor de nombre Diego Suárez de Peredo en el año de 1596. Éste señor al enviudar, se retiró a la orden religiosa de los franciscanos quienes tenían ya para ese entonces el convento ubicado en la ciudad de Zacatecas, dejando así la propiedad en manos de su hija, quien se casó con el Segundo Conde del Valle de Orizaba de nombre Luis de Vivero.

El aspecto actual del palacio se le debe entonces a Doña Graciana Suárez de Peredo, quien ostentaba el título de la Quinta Condesa del Valle de Orizaba, quien vivió en la ciudad de Puebla desde su casamiento hasta la muerte de su esposo, en el año de 1708, cuando en ese año toma la decisión de regresar a la capital del Virreinato de la Nueva España y decide hacer uso del inmueble. Entonces, para el año de 1737, viendo la Condesa el estado de deterioro que tenía el palacio y otras propiedades que poseía en la ciudad, se ve en la necesidad de solicitar la reparación de todas éstas, especialmente en la que fija su residencia frente a la entonces Calle de Plateros, y para la cual desea embellecer no solo con el trabajo de la cantería, sino que ordena al arquitecto que la fachada del edificio sea totalmente recubierta con azulejos poblanos, cuya tarea fue encomendada al maestro Diego Durán. Éste no solamente lleva a cabo la labor solicitada, sino que realiza también los trabajos realizados en cantera labrada de los arcos, columnas, rodapiés y cornisas de puertas y ventanas, así como de las balaustradas, resaltando aún más la belleza de los azulejos en el edificio.

Leyendas:
Existe otra versión popular sobre la construcción de la 'Casa de los azulejos. Dicha conseja señala, según la versión de Luis González Obregón, que uno de los descendientes del Conde de Orizaba, joven confiado en sus riquezas heredadas y dedicado en entrega al despilfarro y a la vida mundana, en lugar del trabajo y los negocios de la familia, fue en varias ocasiones severamente reprendido por su padre, el cual desesperado ante varias llamadas de atención solo le bastó con decirle al joven la siguiente frase:

"Hijo, así nunca llegarás lejos, ni harás casa de azulejos..."

Y parece que tal consejo asentó en la mente del joven heredero, quien cambió su modo de vida hacia uno más responsable, y para demostrar a su padre su madurez y esfuerzo, reparó y levantó la propiedad recubriendo la fachada completa en azulejos.
Otra leyenda no acaecida dentro del palacio, sino en el callejón contiguo, nombrado De la Condesa, hace referencia a dos personajes, ambos Hidalgos y ambos habían entrado por cada extremo de dicho callejón en sus respectivos carruajes, que una vez encontrándose ahí ninguno quiso retroceder, argumentando el título que poseían y el desagravio que cada uno causaría a sí mismo si fuese a echar marcha atrás. Los dos pasaron dentro de sus carruajes sin alimento y sin moverse 3 días y tres noches, llegando tal suceso a ser tan comentado entre la población. Afortunadamente el supuesto desagravio no llegó a duelo alguno entre los dos Hidalgos, pero sí a oídos del Virrey en turno, quien dispuso que cada Hidalgo retrocediera con su respectivo carruaje hasta las entradas del callejón, uno hasta la entonces Plazuela de Guardiola y el otro hasta la Calle de San Andrés.


Wikipedia.

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