miércoles, 30 de marzo de 2011

EL ROMPOPE


Tradicionalmente se ha considerado como un producto creado en los conventos virreinales de Puebla, (México), aunque hay quienes creen que nació en la casa de Pedro González, artesano del pueblo de Comala, Colima. Su creación también es adjudicada a las monjas agustinas del convento de Santa Mónica en Puebla. Por ser considerada una bebida dulce, acostumbra ser tomada después de una comida. También es empleada en la repostería, en la preparación de pasteles, gelatinas, helados, nieve raspada y paletas. El rompope ha permanecido en el gusto de los mexicanos por más de cuatro siglos, pero su origen sigue siendo todo un misterio. Algunos atribuyen su invención a las clarisas, otros a las agustinas y unos cuantos más a las teresianas. Posiblemente esta bebida surgió a finales del siglo 16, cuando llegaron, provenientes de España, los ingredientes utilizados en su elaboración. Es una bebida preparada con yemas de huevo, molida, leche, azúcar y licor.
Es de color amarillo y consistencia espesa. Su origen se remonta a los conventos virreinales de Puebla, donde las monjas preparaban dulces y licores para mantenerse. Cuentan las leyendas difundidas entre los turistas que visitan Puebla que las monjas clarisas hospedaban comúnmente a personajes de las clases sociales más altas, sirviéndoles los mejores platillos y bebidas, entre ellas el rompope.

En un principio, su consumo estaba restringido, las religiosas no podían ni probarlo mientras lo preparaban. Tiempo después, lo que fuera un manjar exclusivo para sus invitados, pronto se convirtió en su forma de sustento, pues las monjas, aprovechando la popularidad de este licor, empezaron a comercializarlo. Aunque en Puebla, la leyenda tradicional describe que fue en el convento de Santa Clara donde se creó el dulce néctar, el rompope no se producía en un solo convento, sino en muchos, convirtiéndose a través de los años en una bebida representativa de las órdenes religiosas. Desde el virreinato, la receta original del rompope se resguarda tras los muros de distintos conventos poblanos; aunque sus ingredientes llegaron de distintos países, esta bebida es tan popular, que forma parte de la cultura gastronómica nacional.

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