domingo, 24 de abril de 2011

ANTIGUA INDUSTRIA TEXTIL "PUEBLA"


En 1589 un hombre llamado William Lee, de Cambridge, inventó un telar manual de géneros de punto. Este "telar de medias" -como se le conoció- era tan perfecto que los actuales telares rectilíneos aún poseen los mismos mecanismos esenciales de la máquina de Lee. La transformación del telar a mano en telar accionado mecánicamente ocurrió en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se fabricó el primer telar rectilíneo mecánico, el cual fue a su vez la base del telar circular mecánico. Además de estos telares para géneros de punto "de onda" o "de recogida", también se inventaron los telares para tejidos de punto "urdimbre", manuales y mecánicos. Otras máquinas que merecen mención son las tricotosas, tanto circulares como rectilíneas, que no sólo sirven para formar mallas o "tejido jersey", sino también para dar al tejido su fase de terminado .

En México, como en muchos rincones del mundo, la rama de los géneros de punto comenzó a desarrollarse a partir del tejido de hilos de algodón. Hasta donde sabemos, en el caso de la ciudad de Puebla el surgimiento de esta rama ocurrió por el año de 1880, cuando se fundó una fábrica de medias y calcetines cuyas máquinas eran movidas a mano, siendo propiedad de una señora llamada Luz Palacios. A esa fabriquita siguió una más grande pero también de acción manual, denominada La Escocesa, fundada en 1896 por otro pequeño industrial, Alberto Cázares.

En el primer quinquenio del siglo XX se abrieron en la Angelópolis otras fábricas de medias y calcetines: en 1901 La Guadalupana, de Andrés Vargas, y la de Arturo Thielheim y Compañía, que inicialmente carecía de denominación. En 1902 se abrió La Cruz, de Francisco Solís, y otra de Rafael Morales, también sin denominación. En 1905 se inauguraron La Estrella y La Turquía, la primera de Abraham Chebán, y ésta de A. Jacobo y Abdo Cassab . Aparecieron así, por vez primera en la ciudad de Puebla, los empresarios textiles de origen sirio-libanés, o "turcos" y "siriacos", como se les llamó más comúnmente en la época. Su peso en la rama de géneros de punto se volverá creciente a partir de la década de 1930
Cinco de las seis factorías que acabamos de señalar también movían sus máquinas de forma manual, de modo que se trataba de unidades productivas sumamente modestas. La excepción era la fábrica de Thielheim y Compañía, situada muy cerca del centro de la ciudad, a orillas del río de San Francisco cuyas aguas impulsaban el movimiento de sus máquinas, mediante un pequeño generador de 5 caballos de fuerza, en 1906 esta fábrica pertenecía a la Compañía Manufacturera de Puebla, donde Thielheim seguía participando. Para ese año tenía contratados 75 trabajadores -15 varones y 50 mujeres-, llegando a 600 mil su producción anual de piezas de medias y calcetines, con valor de 75 mil pesos. Su competidora más cercana era por entonces La Turquía, donde laboraban 60 obreras que fabricaron, en ese año, 144 mil piezas valoradas en 18 mil pesos. Cabe agregar que para 1910 aquella fábrica ya no pertenecía a la Compañía Manufacturera de Puebla, sino a León Rasst, un empresario judío que la bautizó como La Prusia .

Esta fábrica era la más importante en su tipo: en ella laboraban 200 mujeres y 20 varones que producían 300 mil pesos de productos, siendo su capital en giro de 600 mil pesos, y de 72 caballos de fuerza de la potencia eléctrica instalada para accionar sus máquinas .

En 1915 se abrió en la ciudad una nueva factoría de regular importancia (La Gloria), pero pronto fracasó. La industria de tejidos de punto tuvo más bien que aguardar la llegada de los años 20 para conocer un nuevo salto. De este modo, entre 1923 y 1929 se instalaron 8 nuevas fábricas: San Cosme, La Campana, La Aguja, La Libertad, La Joya, La Florida, Águila y la de la empresa Ortega y Abraham. Con excepción de la primera, que dejó de operar al poco tiempo, las siete restantes se sumaron a dos de las que persistían (La Estrella y La Corona).
Entre noviembre de 1926 y abril de 1927, las fábricas activas de esta rama en Puebla produjeron 85 mil docenas de medias y calcetines, y 7,832 docenas de camisetas y calzoncillos. Para su labor contaban con 450 telares circulares; no tenían todavía -según las estadísticas disponibles- ninguna máquina rectilínea ni tricotosa .

En 1932 las fábricas poblanas de géneros de punto ya llegaban a 24, aunque sólo 15 se hallaban entonces activas. De noviembre de 1931 a abril de 1932 elaboraron 364,907 docenas de medias y calcetines, y 508 kilogramos de otros géneros. El equipo de tejido se había ampliado, pues en conjunto tenían 974 máquinas, de las cuales 914 eran telares de tipo circular, 10 tricotosas y 50 de otros distintos sistemas .

A comienzos de 1938 estaban en actividad 29 fábricas, pero había bajado a 819 el número de sus máquinas tejedoras. Doce de estas fábricas producían tan sólo artículos de algodón, y el resto de algodón mezclado con otras fibras, como la artisela, la lana y la seda. Comparadas con muchas fábricas poblanas de la tradicional rama de hilados y tejidos de algodón, las de géneros de punto se caracterizaban por ser muy pequeñas, y en consecuencia de importancia secundaria dentro del conjunto de la industria textil, no obstante su número cada vez mayor.
Una excepción fue La Corona, ya que a diferencia de todas las demás y desde sus mismos orígenes, en sus propias instalaciones producía el hilo que tejía. En 1938 La Corona tenía 2,400 husos y 417 maquinillas de punto, éstas representaban poco más del 50% de todo el equipo de tejido de punto instalado en Puebla. La Corona no sólo era la fábrica más grande en su tipo en la ciudad, sino también la segunda en importancia en el país. Únicamente la superaba La Perfeccionada, fábrica establecida en los entornos de la ciudad de México, la cual contaba con 9,160 husos y 562 máquinas tejedoras en 1938.

Por falta de datos es difícil esbozar el curso de esta rama en Puebla a partir de la década de 1940. En términos generales puede sin embargo decirse que siguieron privando las fábricas de pequeña talla, y que también se registró un proceso de apertura de fábricas numéricamente superior al de las clausuras definitivas. Eso explica el avance cuantitativo de esta rama en la Angelópolis, que a fines de la década de 1980 estaba conformada por unos 65 establecimientos, en algunos de los cuales se fabricaban, además, otros productos textiles diferentes a los tejidos de punto. Considerando que en el Estado de Puebla había en 1989 alrededor de 384 fábricas textiles, se puede deducir que la producción poblana de tejidos de punto la realizaba el 17%, aproximadamente, de la planta total de la industria textil poblana .
(¿?)

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