martes, 16 de noviembre de 2010

"LA CONSTANCIA MEXICANA"


"La Constancia Mexicana"

Con el propósito expreso de construir una fábrica de hilados y tejidos de algodón, don Esteban compró la hacienda de Santo Domingo, ubicada en las riberas del Río Atoyac; ahí se localizaba un molino de trigo que con la edificación apropiada se transformó, en la primera fábrica textil en América Latina que utilizó la fuerza hidráulica para mover su maquinaria.

Don Esteban consumió su capital en la construcción del edificio y tuvo que pedir ayuda al Banco de Avío para comprar en el extranjero una maquinaria de 3840 husos. En 1833 la maquinaria se embarcó con destino a Puebla, llegando a esta ciudad un año más tarde. Con admirable heroicidad y esmero don Esteban inauguró su fábrica el 7 de enero de 1835, a la que bautizó con el nombre simbólico de "La Constancia Mexicana".

La factoría empezó a operar sólo con el departamento de hilatura y así, sin desaparecer aún la producción artesanal, se inició la industria mecanizada en el país. Dos años después, al intentar comprar más maquinaria, la empresa sufrió pérdidas por tres naufragios, pero a pesar de ello don Esteban consiguió que en 1839 su fábrica tuviera en operación 7 686 husos y en el área de tejido 90 "telares de poder"; mas tarde, en el año de 1843, esta cifra aumentó a 113; producían 600 piezas de manta semanalmente. Tanto el consumo como el costo de la fibra se incrementó considerablemente, lo que ocasionó el cierre temporal del establecimiento entre 1842 y 1843.

Por doce años don Esteban dirigió su empresa; después de su muerte, la fábrica estuvo administrada por sus herederos, fue entonces cuando las utilidades disminuyeron. Esta situación se agravó aún más con las deudas que había dejado su fundador, correspondientes al abastecimiento de algodón y préstamos en efectivo que le fueron proporcionados por su principal proveedor, Pedro Berges de Zúñiga, comerciante y agiotista francés radicado en Veracruz, quien se adjudicó en 1865 "La Constancia Mexicana", dándola posteriormente en arrendamiento a diversos empresarios y con diferentes periodos de locación. El último arrendatario fue Joaquín Haro y Ovando, empresario que con el fin de aumentar la producción de hilo y piezas de manta amplió el equipo productivo, invirtió en maquinaria nueva y usada, pero ésta la retiró en 1895, cuando los herederos de Pedro Berges vendieron la fábrica a Antonio Couttolenc, quien instaló telares modernos.

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