jueves, 13 de enero de 2011

EL ARTE AZTECA


Es un bloque de pórfido negro, que en sus dimensiones primitivas, cuando fue extraído de la cantera, debía pesar, según diversos cálculos, cerca de cincuenta toneladas. Fue transportado desde las montañas del otro lado del lago Chalco, a una distancia de bastantes leguas, a través de una zona accidentada y atravesada por numerosas corrientes de agua y canales. Al pasar un puente tendido sobre uno de los canales, ya en la ciudad, los soportes cedieron y el enorme bloque se precipitó en las aguas, de donde sólo se le rescató a muy duras penas. El solo hecho del transporte de tal masa de piedra a través de una distancia de tantas leguas, y a pesar de semejantes obstáculos, y sin la ayuda de ninguna bestia de tiro-los aztecas no las tenían-da una idea suficiente de su habilidad mecánica y de sus desconocidas máquinas. Lo que, por otro lado, indica un grado de civilización en nada inferior al que denotan la geometría y la astronomía desplegadas en las inscripciones del calendario. Los antiguos mexicanos fabricaban para las necesidades de la vida cotidiana cacharros de arcilla de los que se conservan numerosas muestras; copas y vasos de madera pintada, o de laca, impermeables al agua y ricamente coloreados. Extraían sus pinturas de sustancias minerales y vegetales. Europa debe el brillante color carmesí de la cochinilla, a los indígenas de México, que cultivaban el curioso insecto en sus plantaciones de cactus. Los aztecas conseguían así un color brillante para sus tejidos frecuentemente de extrema delicadeza, y que fabricaban en algodón, cultivado en abundancia en las regiones más cálidas del país. Conocían también el arte de entretejer con estas telas los delicados pelos del conejo y de otros animales, de manera que resultase un paño muy caliente, muy bello y por supuesto muy original. Este paño se enriquecía por lo general con bordados de pájaros, flore, u otros dibujos caprichosos. Pero el arte que hacía sus delicias era el "plumaje" o arte de tejer las plumas, cuyos efectos rivalizaban con los más bellos mosaicos. El magnífico plumaje de los pájaros tropicales, sobre todo los de la familia de los loros, les ofrecía la mayor variedad de colores; y el fino plumón de los pájaros-mosca, a los que los bosquecillos de madreselva de México atraían por enjambres, les proporcionaban colores de una suavidad aérea que daba a este género de pintura un acabado delicioso. Las plumas pegadas sobre un buen tejido de algodón, componían brillantes atavíos para los ricos, tapices y cortinajes para sus casas y ornamentos para los templos.

El Mundo de los Aztecas-
willian H. Prescott

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